













|
|

 |
Conoce las historias de Vanessa, Quique y Benito, niños que dejaron de
trabajar para ir al colegio.
Vanessa
Vanessa tiene 14 años, vive en Huachipa y a los ocho comenzó a trabajar. Su familia es muy pobre, y su padrastro la llevó a ella y a sus tres hermanos a trabajar en una fábrica artesanal de elaboración de ladrillos. Su jornada era de 7:00 a.m. a 11:00 a.m. y se dedicaba a poner cientos de ladrillos de costado para que se sequen al sol. Se pasaba la mayor parte de estas cuatro horas agachada y sufría de fuertes dolores de espalda y de riñones. Después, cuando regresaba a su casa, ayudaba a su mamá en las labores del hogar.
En el año 2001, ingresó al programa Proniño, dejó de trabajar y fue al colegio. Su madre, la Sra. Rosa, entendió que los niños tienen derechos y que el trabajo es perjudicial para el desarrollo de su hija. Vanessa afirma que "las capacitaciones a las que hemos asistido mi mamá y yo han sido de mucha ayuda para comprender que debo estudiar y que los niños no debemos trabajar".
Vanessa asiste al colegio 1224 El Paraíso de Huachipa.
Cursa el segundo año de secundaria.
Su curso favorito es ciencia y ambiente.
De grande quiere ser profesora.
|
Quique
Quique nació en Trujillo en un hogar de escasos recursos. Tiene 15 años y vive en el centro poblado El Milagro.
Tuvo una niñez muy dura. Desde los seis años trabajó en el relleno sanitario, junto a sus dos hermanitas y amiguitos, escogiendo la basura que se podía reciclar.
Pero esta situación terminó en 2002. Quique entró al programa Proniño y dejó de trabajar. En lugar de ir a la escuela irregularmente y tener un bajísimo rendimiento, hoy Quique es un alumno muy aplicado del colegio Julio Gutiérrez Solari.
Cuando termine el cole quiere postular a la Universidad Nacional de Trujillo para estudiar Ingeniería.
Estamos seguros de que así lo hará.
|
Benito
Benito es alumno de cuarto de media del colegio Manuel Scorza de Las Lomas de Carabayllo, en Lima. El año pasado fue el primero de su clase. Es un chico que promete.
Pero hasta hace cuatro años la vida de Benito estaba muy alejada de promesas de futuro. Él era el único sustento de su casa. Su papá se fue hace mucho tiempo y su mamá tuvo que dejar de trabajar por problemas de salud. Trabajaba reciclando plástico y cartón, en el relleno sanitario. Sus jornadas durante el año escolar eran de cuatro horas; en las vacaciones aumentaban a diez.
Desde que Benito ingresó a Proniño dejó de trabajar. Ahora le dedica todo el tiempo que debe al colegio. Dice que le gusta mucho estudiar, que está convencido de que es muy importante aprender para triunfar en la vida. Quiere estudiar dos carreras: mecánica automotriz y ensamblaje de computadoras.
Lo que más le gusta del colegio son "los cursos de números" y los nuevos problemas.
|
|