Historia de la Catedral

El sismo de 1950

El 21 de mayo de 1950, un fuerte sismo produjo daños considerables en las torres, fachada principal y bóvedas de la Catedral. Las dos torres sufrieron graves fracturas en sus pilares y desplazamientos de las dovelas de sus arcos. En la torre del Evangelio se abrieron, además, importantes grietas con prolongación hasta el tambor y la cúpula, que pusieron en peligro su estabilidad. En la fachada principal se desprendieron 83 pináculos de grandes dimensiones (3,00 x 1,50 m), la cruz con su basamento, las figuras de San Pedro y San Pablo, además de algunas gárgolas, cornisas molduras y otros elementos decorativos. Las bóvedas de las naves se resquebrajaron en su parte exterior, filtrándose el agua de lluvia a través de las grietas. En el interior de la nave de la Epístola se desprendieron nervaduras de algunas bóvedas de crucería y aparecieron grietas próximas a las claves de las ventanas. Uno de los pilares contiguo al coro sufrió importantes agrietamientos.

En 1951 se iniciaron los trabajos de restauración de la Catedral. Se atendieron principalmente los dos campanarios, los muros exteriores e interiores y las bóvedas. Los trabajos se concluyeron en 1953.




Los sismos de 1986 y 1991

El 5 de abril de 1986, un nuevo sismo volvió a comprometer las bóvedas y campanarios. Las fallas ocasionadas fueron similares a las detectadas tras el anterior sismo. Los daños más graves correspondieron a los dos campanarios y a las bóvedas no intervenidas anteriormente.

Se creó entonces la Comisión central de Emergencia de Amparo al Patrimonio Cultural y Monumental del Cusco, la cual inició un programa que permitió restaurar cinco de sus bóvedas: una de la nave de la epístola, tres de la nave del Evangelio y una de la Sacristía. El campanario de la torre de la Epístola también pudo ser intervenido entre 1987 y 1989. Sin embargo, la falta de presupuesto impidió continuar los trabajos en la otra torre.

El sismo del 9 de julio de 1991 agravó los daños existentes en el campanario del Evangelio. Aparecieron numerosos fisuramientos en el conjunto de pilares, correspondiendo los de mayor importancia y gravedad a los pilares centrales, de menos sección y que soportan el peso de la campana María Angola. Se evidenciaron también desplazamientos de consideración de las dovelas de los arcos. Debido a la situación crítica del campanario quedaron definitivamente en silencio sus campanas en prevención de aumentar con su vibración los daños existentes.

Tomado de: Restauración del Campanario de la Torre del Evangelio de la Basílica Catedral del Cusco.
Juan de la Serna Torroba / Pablo A. Carrillo Rosell
Lima, 1996